| Película: La Sociedad de los poetas muertos Imagen tomada de: www.listal.com |
Hace poco más de un mes, en una de mis clases favoritas hasta ahora, tuve la oportunidad de ver y especialmente vivir una película llamada "La Sociedad de los poetas muertos". Protagonizada por Robin Williams de la cual aprendí mucho y donde se trataba algo hasta el momento desconocido para mí y que me causó gran curiosidad.
Es así, como llegué a comprender que casi siempre estamos pensando en lo que hubiera podido ser, en qué hubiera pasado sí y no nos damos cuenta que el tiempo no se devuelve, que las oportunidades vienen una vez y no regresan, que en lugar de estar lamentándonos todo el tiempo, debemos gozar cada instante, de los pequeños detalles, sonreír, hablar, caminar, deleitarse con el viento, el sol, la lluvia en la cara y las manos, de no perder la oportunidad de sentir con el corazón, es ahí donde está nuestro Carpe Diem.
Es cierto que debemos encaminar nuestro futuro, pero no hay que atormentarse con él, sólo hay que buscar el equilibrio, hay que disfrutar. Desafortunada o afortunadamente -no lo sé- la vida es incierta, hoy estamos aquí, quizás mañana no, así que nuestro deber es aprovechar al máximo lo que tenemos, que nuestros días no transcurran ni se queden en lo vano y lo efímero, sino en lo real, lo honesto, lo verdadero, donde lo único por hacer es mostrar nuestra esencia, simplemente ser, vivir; porque tristemente, muchos aparentamos hacerlo, pero los prejuicios, las ataduras –generalmente imaginarias- no nos dejan, nos retienen en lo vacío, lo poco y sin embargo, a pesar de que nos damos cuenta no hacemos nada por cambiarlo o dejarlo.
Es así, como llegué a comprender que casi siempre estamos pensando en lo que hubiera podido ser, en qué hubiera pasado sí y no nos damos cuenta que el tiempo no se devuelve, que las oportunidades vienen una vez y no regresan, que en lugar de estar lamentándonos todo el tiempo, debemos gozar cada instante, de los pequeños detalles, sonreír, hablar, caminar, deleitarse con el viento, el sol, la lluvia en la cara y las manos, de no perder la oportunidad de sentir con el corazón, es ahí donde está nuestro Carpe Diem.
Es cierto que debemos encaminar nuestro futuro, pero no hay que atormentarse con él, sólo hay que buscar el equilibrio, hay que disfrutar. Desafortunada o afortunadamente -no lo sé- la vida es incierta, hoy estamos aquí, quizás mañana no, así que nuestro deber es aprovechar al máximo lo que tenemos, que nuestros días no transcurran ni se queden en lo vano y lo efímero, sino en lo real, lo honesto, lo verdadero, donde lo único por hacer es mostrar nuestra esencia, simplemente ser, vivir; porque tristemente, muchos aparentamos hacerlo, pero los prejuicios, las ataduras –generalmente imaginarias- no nos dejan, nos retienen en lo vacío, lo poco y sin embargo, a pesar de que nos damos cuenta no hacemos nada por cambiarlo o dejarlo.
En nuestro caso, creo que hay
algo que nos favorece aún más, somos jóvenes con capacidad de discernimiento y
con la suficiente libertad como para poder asumir decisiones y responsabilidades
propias de esta edad, como dice el adagio popular “el que no arriesga, no gana”
y debemos arriesgarnos, lanzarnos a la vida, porque a lo mejor nosotros podemos
ser esa posibilidad, ese uno en un millón, nada en la vida está garantizado
pero tampoco completamente negado, por eso debemos concentrarnos en vivir,
soñar, sentir y hacer las cosas con el alma y el corazón, pues de esa manera, sabremos
lo que realmente queremos, procurando siempre que el cuerpo no sea la cárcel
del espíritu.
La vida es eso: VIDA, es
nuestra y sólo nosotros decidimos de qué forma vivirla y nadie más puede
decirnos qué hacer o cómo actuar, cada uno tiene su propia historia con sus
altos y sus bajos, con su inicio, nudo y desenlace y solamente conociéndonos y
escuchándonos a nosotros mismos sabremos cómo proceder frente a esta o aquella
situación. No esperemos a que el tiempo se nos agote y nos absorba para decir
lo que nos hubiera gustado hacer, simplemente de forma responsable y precisa
tomemos cada oportunidad que se nos presenta día a día, desde la más pequeña a
la más importante.
Sin embargo, para lograrlo se requiere de un proceso, no es algo que logremos hacer de un día para otro, porque permanentemente estará eso que no nos quiere soltar, pero hay que confiar en que sí podemos hacerlo, si lo queremos así será y para ello, se hace necesario que constantemente tengamos presente que hay que aprovechar el día, que en nuestra vida siempre debe haber un Carpe Diem.
Sin embargo, para lograrlo se requiere de un proceso, no es algo que logremos hacer de un día para otro, porque permanentemente estará eso que no nos quiere soltar, pero hay que confiar en que sí podemos hacerlo, si lo queremos así será y para ello, se hace necesario que constantemente tengamos presente que hay que aprovechar el día, que en nuestra vida siempre debe haber un Carpe Diem.